ALPARGATAS Y LIBROS
La disyuntiva sarmientina de Civilización vs. Barbarie puesta en tela de juicio por John William Cooke y las masas del ‘45.
No se trata de exaltar la ignorancia o el analfabetismo, pero ¡cuánta razón tenía Martín Fierro cuando afirmaba aquello de "es mejor que aprender mucho el aprender cosas buenas"!
A cada paso uno se encuentra en los medios, en ámbitos de la literatura, de la política, del saber en general, ejemplos a carradas de personajes llenos de erudición, expertos en bizantinismos de toda laya, insufribles "pedantones al paño" como diría Machado, que nos hacen recordar aquella sentencia de Hernández o esta otra de Leonardo Castellani con la que Jauretche abre su libro otrora famoso "Los profetas del odio y la yapa" (Bs. As., Peña Lillo, 1967). Decía el padre Castellani:
Qué gente que sabe cosas
la gente de este albardón;
qué gente que sabe cosas,
pero cosas que no son.
Se puede argüir que los autores que citamos pertenecen a una línea política largamente execrada por la parte "más sana y culta" de la población.
Pero para quienes opinan así, les podemos traer este pensamiento de Esteban Echeverría, notorio "civilizado" -si nos atenemos a páginas como las de "El matadero" o "Dogma socialista"-, hombre ligado a la emigración unitaria, que sin embargo decía en 1837, en una de sus disertaciones en la librería de Marcos Sastre, donde se reunía la gente de la Asociación de Mayo: "Más vale ignorancia que ciencia errónea, pues el que ignora puede aprender; y es difícil olvidar errores para adquirir verdades".
Casi estaríamos por creer que en Echeverría se inspiraron los creadores de aquel estribillo popular que hizo bramar de indignación a las almas bien pensantes en las jornadas previas al ‘45: "Alpargatas sí, libros no" (1), y que le hizo decir a John William Cooke, con no poca exactitud: "Un día se oyó en las calles de Buenos Aires el grito de ‘Libros no, alpargatas sí’. Muchos se escandalizaron. Primero que nadie, los que habían escrito libros que valían menos que una alpargata.
Pero la mayoría comprendió: con ese grito se estaba repudiando a una clase intelectual que vivía de espaldas al país y a su hombre". (J.W. Cooke, "De frente", 1955).
(1) calzado económico utilizado por los sectores populares y cuyo nombre es el de la fábrica que los confeccionaba y comercializaba en todo el país.
Juan Carlos Jara
